17/12/09
In media ress
-¿De qué?
-… No importa.
Respiré para no gritarles en medio de la calle. No se daban cuenta o no querían darse cuenta. Y yo sigo sonriendo. Cuando no puedo verles, me callo y sonrío. Y ellos no se dan cuenta. Cuando tengo que ir a trabajar mientras ellos van a lo que más me gusta en este mundo… Me callo y sonrío. Cuando no puedo salir con nadie por los estudios… Me callo y sonrío.
-Pero, en serio, ¿no os dais cuenta?
Y, una vez más, me callé y sonreí. Pero por una vez, me arrepentí.
31/10/09
Carta a un hombre triste
Me gusta pasear, me gusta observar a la gente y pensar cómo es su vida. Me hace gracia encontrarme con una persona a la que ya utilicé para mis adivinanzas. Tú empezaste siendo una de esas personas. Estabas en el parque y vi que andabas arrastrando los pies. De vez en cuando dabas patadas a alguna piedra que te encontrabas por el camino, pero ni siquiera te fijabas dónde caía. Mirando al suelo, con las manos metidas en los bolsillos del abrigo, bajo la lluvia y con el pelo empapado imaginaba que habrías tenido una pelea en casa y que habías salido para desahogarte. Recuerdo que pensé: Si mañana no le veo será que lo ha solucionado y que ya no necesitará estar solo.
A los dos días volví al parque. Estaba sentada en un banco cuando te vi de nuevo. Mismo abrigo, misma postura, misma mirada triste. Lo único de novedad que había en ese momento es que no pateabas las piedras. Me di cuenta de que estabas más triste que enfadado. Supongo que debí de estar observándote muy descaradamente porque me miraste fijamente. Ojos marrones, piel blanca, labios de un color muy claro... no debes de tener más de treinta y cinco años, pero esa mirada te hacía inmensamente viejo. Desvié la mirada con un nudo en la garganta. No me quité en todo el día esa imagen de la cabeza. Sentía pena, agobio, compasión y cariño por una persona que no conocía, sólo por ver la tristeza que reflejaba tu rostro.
Por la noche decidí volver al parque al día siguiente para conocerte. Se me había metido en la cabeza el deber, conmigo misma, de ayudarte, de hablar contigo, de hacerte compañía. Cuando volví no te encontré. Esperé toda la tarde, pero no apareciste. Probé suerte al día siguiente, y al otro, y al otro, pero todos con el mismo resultado. Si tú hubieras visto tu cara en ese momento, entenderías por qué hago esto. Todas estas palabras son para demostrarte la belleza de un mundo que, por alguna razón u otra, algo, alguien o alguna situación, no te la deja ver. Déjame que te lo enseñe. Nada es tan triste o preocupante como para dejar de sonreír.
13/10/09
Sentidos
07/10/09
Palabras
Siempre se ha dicho que las palabras no son nada sin los actos, que sólo palabras no significan nada. Pero, ¿No son acaso las palabras las que provocan guerras?, ¿No son las palabras las que llevan a personas al paro?, ¿No son las palabras las que dividen familias? Son tan solo sonidos, una forma de comunicarnos como cualquier otra, nadie les da importancia. Con palabras se emociona, con palabras se cree, con palabras se comunica, con palabras se enamora, con palabras puedes llegar mucho más lejos que los que callaron por pensar que las palabras no significan nada. Mucha gente se calla, cuando realmente lo que quieren es gritar. Pero es más fácil no desentonar, confundirse con el mundo, pero esto está logrando consumir a la sociedad. Si se aprendiera a utilizar las palabras se podría mejorar el mundo. Con palabras se convenció al mundo de que la esclavitud era mala; se convenció al mundo de que la democracia estaba bien; se convenció al mundo de la igualdad entre razas y sexos; se convenció al mundo de que la cultura es un derecho de todos. Con palabras se ha destrozado el mundo y con palabras se mejorará.
28/09/09
Sim

Un paso, dos pasos, tres, cuatro. Ahora sonríe. Di que no. Derecha. Otro paso, otro, otro… Ahora párate.
Me sentía como un personaje de videojuego. Alguien tenía el mando y dirigía mis pasos, escogía en mis decisiones y elegía mis emociones. Recuerdo que a veces esto me parecía cómodo, supongo que era cuando estaba de acuerdo en lo que me mandaban. Pero otras veces, cuando quería hacer otras cosas a toda costa y me lo impedían… era tan frustrante que me entraban ganas de llorar, de rebelarme, de gritar que me dejaran en paz. Pero todos mis esfuerzos eran en vano, ya que al segundo siguiente ya estaba otra vez.
Un paso, dos pasos, tres, cuatro. Ahora sonríe. Di que no. Derecha. Otro paso, otro, otro…
24/09/09
El equilibrio es imposible

La vida es demasiado corta como para que no vivas la tuya tal y como a ti te gustaría. No dejes que los demás te limiten, no dejes que los prejuicios te asusten. Pon tus propios límites a tu vida. Eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que dices. Yo, personalmente prefiero ser más dueña que esclava. A lo mejor crees que no te entiendo, puede ser, pero déjame intentarlo. Quiero poder comprenderte. Quiero demostrarte que puedes vivir como tú quieras, sin avergonzarte de lo que dirán los demás. Todos somos humanos, todos podemos equivocarnos… lo mejor será que cometas tus propios errores, que serán bastantes como para que también abarques los de los demás. Sabes que no quiero hacerte daño, sabes que me gusta que me digas lo que piensas aunque sea malo, sabes lo que te aprecio… Sabes cómo soy y aun así me aguantas. No tengo nada que reprocharte, al contrario. Me diste otra visión de mí misma. No tengo ganas de otra cosa que no sea devolverte el favor y hacer que te valores, igual que tú hiciste conmigo. En el fondo… no sé por qué estoy escribiendo esto. Ni siquiera sé ya lo que digo.
En fin, para mejorar este desastre pongo una de mis canciones preferidas. No por nada, ni siquiera me siento identificada, ni siquiera tiene nada que ver con el texto. Sólo la pongo porque quiero.
22/09/09
Alimento del alma
Saidi era un chico africano de unos quince años. Todas las mañanas trabajaba en las tierras de su señor sin descanso salvo una media hora para tomar un trozo de pan que distribuían a todos los esclavos. Saidi era esclavo de nacimiento. Le pusieron ese nombre por eso, ya que significa “ayudante”. Su padre siempre le decía cuando era pequeño que nunca olvidara su situación de esclavo si no quería problemas con su amo. Así que le pusieron ese nombre que Saidi tanto odiaba para que nunca olvidara lo que era. Él nunca estuvo de acuerdo y cuando le recordaban que era un esclavo él respondía que trabajaba porque era lo que quería, no porque fuera lo que le mandaban. Cuando trabaja y veía a los demás esclavos a su lado con mala cara Saidi se ponía a cantar. Siempre supo que uno es todo lo feliz que quiere ser y que los demás esclavos no lo son porque se compadecen de su situación y de sí mismos y no quieren lo que hacen. Al principio, cuando todos trabajaban juntos y enfadados, desentonaba porque siempre sonreía y cantaba. Al cabo de unos meses, pocos eran los que no cantaban al trabajar. No es que les gustara ser esclavos, simplemente lo veían con otros ojos. Los amos podrían quitarles una libertad más física, con la que les obligaban a trabajar y a estar a su merced, pero nunca les podrían gobernar sus estados de ánimo, ni sus pensamientos, ni sus creencias y mucho menos podrían impedir que fueran felices.
Todos los días a las ocho de la mañana iban a trabajar y terminaban a las ocho de la tarde. Las noches eran para Saidi su mejor momento. Solía coger una guitarra que le regaló su abuelo y acariciaba las cuerdas y sentía cada nota, cada acorde. Por un momento olvidaba todo y sólo podía pensar en lo feliz que era. Dejaba que la música le mostrara lo maravillosa que es la vida y cogía fuerzas para afrontar el día siguiente con ganas y alegría. Y, como todos los días, empezaba y terminaba el día cantando, y recordaba lo que su abuelo le enseñó un día:
-Saidi, un sabio dijo un día que la música es el alimento del alma. Ahora a lo mejor no lo entiendes, pero no lo olvides nunca. Nunca sabes cuándo lo vas a necesitar.
