07/02/10

Sobredosis



Desinfectante. Lejía. Y el mismo color blanco de siempre. El blanco es el color de la muerte. Tal vez por eso no me gustan los hospitales. Miradas perdidas, miradas tristes, miradas desesperadas, miradas enrojecidas del llanto… Andar por allí hace sentir ridículo a cualquiera. Saber que cualquiera podría tener un problema mayor que el tuyo hace ver que no puedes llorar. Sonríes, sólo sonríes. Tampoco se tienen ganas de llorar, ya no quedan lágrimas ni consuelo. Sólo queda un dolor tan intenso que ni lo sientes. Te deja el cuerpo entumecido y dormido. Todo lo que ves parece un sueño lejano a ti. Estás donde nadie puede llegar. Libre de peligros. Sólo estás tú. Te consuela pensar que así es mejor. Ya no te regodeas de la tragedia. Ya no escuchas música lenta, triste y melancólica para dejarte llevar por la tristeza, dejar fluir el dolor, desahogarte. Ya no. Ya burlas el dolor con canciones alegres. Cualquier cosa por huir. Ya no buscas una pregunta que te haga soltarlo todo, liberarte. Ahora sólo buscas escapar del tema para no tener que enfrentarte a él. Ya no buscas el quedar bien. Ahora sólo buscas el ser invisible. O tal vez no. Tal vez eso te lo digas para consolarte porque has descubierto que así te ven. El llanto de la indiferencia, los gritos silenciosos, la tranquila desesperación… Todo empieza a formar parte de la rutina de tu vida. Cada día distinta y cada día parecida.



Soy invisible y estoy empapada.

03/02/10

Es ella

¿Y qué pasa si no es cierto? ¿Qué pasa si todo lo que denuncias no existe? ¿Qué pasa si el mundo no es como tú cuentas? ¿Qué pasa si fue sólo una idea que te formaste en la cabeza para creerte tú mejor? ¿Qué pasa si eso te molesta porque tú eres así? Porque es muy fácil decir eso, es muy fácil insultar, gritar y juzgar cuando uno no sabe cómo es realmente. No puedes decir que un mundo es injusto sólo porque tú lo seas, ¿sabes? Creo que exageras. La gente injusta no hace un mundo injusto. La gente no-injusta es la que deja que los injustos se apoderen de él. Deja de gritar, deja de denunciar, deja de criticar, deja de insultar, deja de lado la vanidad, la soberbia, los aires de superioridad y ponte a actuar. Deja de ser como quieres que te vean los demás, deja de dar tan sólo imágenes y palabras y ponte a actuar. Porque aún no lo sabes. Pero llegó tu hora y si no te das prisa, pasará. Y no habrás hecho NADA por el mundo. No habrás hecho NADA por ti. No habrás hecho NADA por nadie. Y si en esa hora, esa valiosa hora, la única que te dejará hacer maravillas, la hora que marcará tu vida… Si en esa impagable hora no haces nada… Tu vida carecerá de sentido. Todos te verán y dirán: Sí, eres genial. Pero sólo vives para ti. Todavía no lo sabes pero… llegó tu hora.


19/01/10

Cottolengo



En un lugar apartado, de cuyo nombre ya nadie quiere acordarse, existía un edificio en el que cuatro monjitas cuidaban a más de setenta chicas, pequeñas y ancianas, con deficiencias físicas o/y mentales. Me habían hablado alguna vez de aquel lugar, de lo impactante que era, pero nunca imaginé una cosa así. Fui de voluntariado allí con unos amigos y nos dividieron entre las tres plantas: los nuevos a la primera en la que habían chicas con alguna deficiencia física, otros fueron a la segunda en la que las chicas tenían algún trastorno psicológico grave, y en la tercera fuimos seis, donde estaban las chicas con deficiencias físicas y mentales.
Serían las seis de la tarde. Nos pusimos batas para dar de cenar a las chicas. Cuando estuvimos listos, subimos las escaleras hacia la planta que nos habían asignado. Mientras subíamos escuchamos los gritos procedentes de la tercera planta. Los pasillos estaban oscuros y solo se veían las luces que salían de las puertas abiertas. A mí me recordó a alguna película de miedo y aceleré el paso para no quedarme la última. El olor nos hacía poner muecas sin quererlo. Nos mirábamos todos sin saber qué esperar. Entramos en la primera puesta abierta que vimos y resultó ser un comedor. De ahí provenían parte de los gritos. Habían tres mujeres en silla de ruedas, una de ellas gritaba y se movía mucho. Vi que habían atado su silla al radiador. Cerca de ellas había una niña de pie, moviéndose hacia atrás y hacia delante, con movimientos rítmicos. A su lado había una chica que nos miraba enfadada. Recuerdo que cuando le preguntamos su nombre nos miraba desconfiada y nos contestó:
-¿Para qué lo quieres saber? No te lo voy a decir.
Mi primera reacción fue quedarnos en medio del comedor, parados. Reconozco que yo empecé a dudar si hice bien en ir a aquel lugar. Una de las enfermeras nos dijo que paseáramos a las chicas por la planta, que les encantaba. Le ofrecí mi mano a una niña, creo que recordar que tenía 9 años, que encontré por el pasillo. Mi miró y vi que tenía una malformación en la cara y en las manos y andaba ladeada. Hice de tripas corazón para seguir sonriendo y se la cogí. Le pedí que me enseñara el belén que tenían en el salón de la planta y me guió. Estuve con ella un rato, pero cuando se cansaba iba cambiando de persona para pasear. Hubo un momento en que se empeñó en subir y bajar la persiana. Después de unos minutos, llamaron para cenar. Nada más entrar yo, pidieron un voluntario para dar de cenar a los que estaban en cama y no podían moverse. Así que cogí un par de bandejas de comida y fui a las habitaciones. Me dijeron que tenía que dar de comer primero a Oti, una mujer con Síndrome de Down de 58 años. Estuvimos a solas un buen rato (tuve que darle el agua a cucharadas) y tuve ganas de llorar. ¿Por qué ellos y no yo? ¿Qué espera Dios de mí? Y, por primera vez en mi vida, pude ver a Jesucristo en una persona. Ver y ayudar a Oti era como dar agua a Jesús momentos antes de ser crucificado. Desde pequeña me habían dicho eso de ver a Jesús en los demás, pero nunca lo había llevado a la práctica. Oti era sorda, pero aún así la estuve hablando durante toda la cena. Ella sonreía cada vez que yo lo hacía. Al irme, no pude evitar darla un beso y ella sonrió. Me fui con un nudo en la garganta, prometiéndome a mí misma que volvería.

17/12/09

In media ress

-¿No os dais cuenta…?
-¿De qué?
-… No importa.

Respiré para no gritarles en medio de la calle. No se daban cuenta o no querían darse cuenta. Y yo sigo sonriendo. Cuando no puedo verles, me callo y sonrío. Y ellos no se dan cuenta. Cuando tengo que ir a trabajar mientras ellos van a lo que más me gusta en este mundo… Me callo y sonrío. Cuando no puedo salir con nadie por los estudios… Me callo y sonrío.

-Pero, en serio, ¿no os dais cuenta?

Y, una vez más, me callé y sonreí. Pero por una vez, me arrepentí.

31/10/09

Carta a un hombre triste




Me gusta pasear, me gusta observar a la gente y pensar cómo es su vida. Me hace gracia encontrarme con una persona a la que ya utilicé para mis adivinanzas. Tú empezaste siendo una de esas personas. Estabas en el parque y vi que andabas arrastrando los pies. De vez en cuando dabas patadas a alguna piedra que te encontrabas por el camino, pero ni siquiera te fijabas dónde caía. Mirando al suelo, con las manos metidas en los bolsillos del abrigo, bajo la lluvia y con el pelo empapado imaginaba que habrías tenido una pelea en casa y que habías salido para desahogarte. Recuerdo que pensé: Si mañana no le veo será que lo ha solucionado y que ya no necesitará estar solo.

A los dos días volví al parque. Estaba sentada en un banco cuando te vi de nuevo. Mismo abrigo, misma postura, misma mirada triste. Lo único de novedad que había en ese momento es que no pateabas las piedras. Me di cuenta de que estabas más triste que enfadado. Supongo que debí de estar observándote muy descaradamente porque me miraste fijamente. Ojos marrones, piel blanca, labios de un color muy claro... no debes de tener más de treinta y cinco años, pero esa mirada te hacía inmensamente viejo. Desvié la mirada con un nudo en la garganta. No me quité en todo el día esa imagen de la cabeza. Sentía pena, agobio, compasión y cariño por una persona que no conocía, sólo por ver la tristeza que reflejaba tu rostro.

Por la noche decidí volver al parque al día siguiente para conocerte. Se me había metido en la cabeza el deber, conmigo misma, de ayudarte, de hablar contigo, de hacerte compañía. Cuando volví no te encontré. Esperé toda la tarde, pero no apareciste. Probé suerte al día siguiente, y al otro, y al otro, pero todos con el mismo resultado. Si tú hubieras visto tu cara en ese momento, entenderías por qué hago esto. Todas estas palabras son para demostrarte la belleza de un mundo que, por alguna razón u otra, algo, alguien o alguna situación, no te la deja ver. Déjame que te lo enseñe. Nada es tan triste o preocupante como para dejar de sonreír.

13/10/09

Sentidos

La calle estaba atestada de gente y yo buscaba huecos por donde colarme y poder avanzar. Estaba subiendo unas escaleras cuando me vino un olor conocido. Me paré y me di la vuelta buscando a alguien que yo sabía que era imposible que estuviera allí. El corazón me latía a 100 pulsaciones por segundo mientras miraba la multitud de cabezas que se movían de un lado a otro. Sacudí la cabeza y sonreí continuando mi marcha entre la gente. Pensando en si sería posible olvidarme un segundo de él cuando ya no sólo dependía de lo que pensara, sino de mis sentidos.

07/10/09

Palabras




Siempre se ha dicho que las palabras no son nada sin los actos, que sólo palabras no significan nada. Pero, ¿No son acaso las palabras las que provocan guerras?, ¿No son las palabras las que llevan a personas al paro?, ¿No son las palabras las que dividen familias? Son tan solo sonidos, una forma de comunicarnos como cualquier otra, nadie les da importancia. Con palabras se emociona, con palabras se cree, con palabras se comunica, con palabras se enamora, con palabras puedes llegar mucho más lejos que los que callaron por pensar que las palabras no significan nada. Mucha gente se calla, cuando realmente lo que quieren es gritar. Pero es más fácil no desentonar, confundirse con el mundo, pero esto está logrando consumir a la sociedad. Si se aprendiera a utilizar las palabras se podría mejorar el mundo. Con palabras se convenció al mundo de que la esclavitud era mala; se convenció al mundo de que la democracia estaba bien; se convenció al mundo de la igualdad entre razas y sexos; se convenció al mundo de que la cultura es un derecho de todos. Con palabras se ha destrozado el mundo y con palabras se mejorará.